domingo, noviembre 12, 2006

La sorpresa




Mirarse en el espejo y decirse deslumbrada: que misteriosa soy.

Soy tan delicada y fuerte. Y la curva de los labios conservó la inocencia.

No hay hombre ni mujer que no se haya mirado en el espejo y no se haya
sorprendido consigo mismo.

Por una fracción de segundo nos vemos como un objeto a observar.

A esto lo llamarían tal vez narcisismo, pero yo lo llamaría alegría de ser.

Alegría de encontrar en la figura exterior los ecos de la figura interna: ah, entonces es cierto que no me imaginé, yo existo.

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Clarice Lispector.

Enviado por mi amigo Gildardo, desde Chapingo.

3 comentarios:

el mono azul dijo...

El espejo sirve para mucho más que para acicalarnos. A veces es tan necesario mirarnos en el...

Amèlie dijo...

Y más que mirarnos en él, es saber mirarse para uno y no para encantar a los demás. De ahí la magia de reflejar en otros lo que nosotros vimos de nuestra alma.

Saludos!

Blas Torillo dijo...

Hola a las dos. Perdón por responder tarde, pero esta entrada se había quedado medio olvidada...

Mono... En efecto, a veces a despecho de lo que pensemos de la belleza y la autoestima, es necesario verse y verse a fondo, porque no hay más que nosotros dentro de nosotros.

Amélie... Aunque no me salió el acento como debe ser, lo que quiero decir es que tienes razón también. Podemos, si queremos, reflejar la profundidad de nuestras alegrías y dolores, en los demás...

Nosotros elegimos.

Salu2 a las 2